Fenicia es el nombre de una antigua región de Oriente Próximo, cuna de las civilizaciones fenicia y cananea, que ocupaba la costa oriental del mar Mediterráneo, en el actual territorio del Líbano, y una pequeña parte de Siria y Palestina, y poblada desde principios del III milenio a. C. Se extendía, de sur a norte, unos trescientos kilómetros, desde el Monte Carmelo hasta la desembocadura de los río Orontes y Ugarit, y de este a oeste unos cuarenta kilómetros, desde los montes del Antilíbano hasta la costa mediterránea.
La zona posee condiciones topográficas muy abruptas, con numerosos pequeños valles. El suelo montañoso y poco apto para la agricultura, orientó a sus habitantes hacia actividades marítimas, más aún teniendo en cuenta que, al quedar dividido en pequeñas ciudades-estado separadas por espolones rocosos, para comunicarse, era más adecuada la navegación de cabotaje que la terrestre, entre ciudades que se escalonaban desde Acre y Tiro, por Sidón y Biblos, hasta Arados y Ugarit. Existía un estrecho paso terrestre entre el mar y el desierto de Siria, que enlazaba con Egipto al sur, a través de Palestina y del Sinaí, y al norte, a través del Éufrates, con Mesopotamia y Asia Menor; esta zona estaba destinado a ser una rica encrucijada comercial, codiciada por los grandes imperios vecinos.
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editar Historia
Durante mucho tiempo fueron un pueblo muy desconocido. Citados únicamente por Homero en la Odisea y en la Ilíada, por Plinio y por algunos pasajes de la Biblia. En el actual Líbano y la costa de Siria, una serie de tribus que hablaban lenguas semíticas se establecieron en pequeñas aldeas de pescadores en la costa. Los asentamientos fueron creciendo hasta convertirse en ciudades como Ugarit, Biblos y Sidón. La geografía resultaba demasiado accidentada para comunicarse fácilmente por tierra entre ellas. Cada una de ellas fue constituyéndose en un Estado autónomo centrados en la buena marcha de los negocios. Un monarca al frente de cada ciudad defendía sus intereses frente a otros estados y potencias de la época (Egipto, Babilonia y Asiria). Los hábiles pactos con los vecinos, especialmente filisteos y judíos, resultaron efectivos. Cuando las circunstancias lo requerían rendían vasallaje y pagaban tributos a las grandes potencias. La tolerancia a los extranjeros, autorizados a asentarse en la ciudad y montar sus propios negocios, resultó conveniente. Por su mediación se evitaron presiones excesivas de las grandes potencias.
Establecidos en el país de Canaán hacia el siglo XXVIII a. C. Su verdadero origen se ignora (¿Arabia, país de Amurru, país de Edom y de Moab?), se mezclaron con los autóctonos (habitantes paleolíticos y neolíticos, de los que existen vestigios en Ra's-Samra) y se establecieron en la costa del monte Carmelo hasta Ugarit. Fundaron numeroso puertos (Arados, Esmirna, Trípoli, Yubayl-Biblos, Beritos, Sidón, Tiro y 'Akka), para los que escogían cabos o islas próximas a la costa, que los protegían de los vientos (S-N) y les servían de refugio en caso de invasión (Tiro y Arados); se orientaron deliberadamente hacia el mar, que, por medio de la navegación de cabotaje, les permitía establecer relaciones más fácilmente que la tierra. Desde el III milenio entraron en contacto con Egipto, país al que suministraban madera (cedro, abeto) para sus barcos, aromas, aceites y resina, y por el que estuvieron muy influidos. Sobre todo Biblos y Sidón desde el s.XVIII, mantenían relaciones con los egeos, dueños del mar (cretenses y posteriormente micenios), que frecuentaban sus puertos. De este modo, cuando la invasión de los pueblos del mar (c.1200) los liberó de la tutela egipcia, pudieron reemplazar el poder egeomicénico, arruinado por los dorios. A partir de entonces conservaron su independencia bajo la tutela de Tiro, alcanzaron una era de gran prosperidad. Su área de influencia se extendió progresivamente; por una parte, desempeñaron el papel de agentes e intermediarios entre occidente y oriente (controlando, por tierra, los puntos a donde iban a parar las caravanas del desierto [Hama, Damasco y Thapsaco] y en donde adquirían las mercancías orientales), y, por otra, fundando, alrededor del Mediterráneo, numerosas factorías y colonias comerciales. En el s.X se instalaron en Chipre y, en las costas de Asia Menor (Panfilia y Licia), donde chocaron con los griegos, que los desbancaron de Rodas, de las Espóradas y de las Doradas, donde habían permanecido durante algún tiempo. Buscaron entonces nuevos mercados en el Mediterráneo occidental: prudentemente, dejaron Tirrenia a los etruscos y a los griegos, y establecieron en Sicilia occidental, en las islas de Malta, Gozo y Pantelleria, bases propicias para el comercio con Africa (s.IX); a través de Cerdeña e Ibiza habían llegado, en la Península ibérica, al país de Tarsis (Gades, s.XI), donde sus barcos recogían estaño y la plata procedentes de la península o de las islas Casitérides. A su regreso, aprovechando las corrientes de las costas africanas y por mediación de sus antiguas colonias de Hippo Diarrhytus y Utica (1100), llegaban a Cartago (814-813) y al golfo de la pequeña Sirte (Hadrumeta y Leptis). Al compás del desarrollo de los mercados comerciales, los artesanos prosperaban en las ciudades (monopolio de las lanas teñidas con la púrpura del murex recolectado en las costas de Africa, Creta y Egeo; cerámicas y objetos de lujo), abasteciendo a los barcos con telas, bordados, cueros, púrpura, perfumes, etc. Tras la conquista de Alejandro Magno (332 a. de C.) se inició su decadencia que culminaría cuando Fenicia entró a formar parte del ámbito romano. La cultura fenicia dejó un importante legado cultural a las civilizaciones posteriores, entre el que destaca la creación de un vínculo entre las civilizaciones mediterráneas, los principios comerciales y el alfabeto. Los fenicios ejercieron una poderosa influencia sobre toda la cuenca del mar Mediterráneo.
editar La Edad del Bronce Antiguo
Los recursos forestales cananeos propiciaron el desarrolló de una floreciente civilización urbana entre los habitantes de esta región. Biblos, la más antigua de las ciudades cananeas, estaba situada al pie de los bosques y se convirtió en el principal puerto del Mediterráneo. Entre 2900 y 2300 a.C. aparece otra de las más importantes ciudades cananeas, Tiro, que con el tiempo habría de sustituir a Biblos en la hegemonía comercial y cultural sobre Fenicia. La madera del Líbano, y en especial la de los cedros, era codiciada por potencias cercanas que carecían de éste tipo de recursos, como Egipto y Mesopotamia. En Biblos se realizaba el intercambio de madera y de otros productos importantes para el comercio, como las telas de lino y los preciosos objetos de oro y plata de fabricación fenicia, por productos manufacturados y agrícolas procedentes de otras regiones. Biblos fue además un importante centro político y religioso que impuso su hegemonía durante esta época a otras ciudades, como Tiro o Sidón. La privilegiada posición de Canaán en el Mediterráneo y sus abundantes recursos naturales alimentó desde el principio de su historia las ambiciones de los imperios circundantes. Desde la época de los acadios, éstos realizaron numerosas incursiones en territorio fenicio con el fin de obtener el control sobre los recursos de los que carecía Mesopotamia. Parece, sin embargo, que los acadios se limitaron a imponer el reconocimiento nominal de su dominio y el pago de un tributo a las ciudades fenicias, pudiendo así mantener su autonomía en el tema político. Los contactos entre Fenicia y Egipto se remontan al comienzo mismo de la historia egipcia. Los egipcios obtenían en Biblos la preciosa madera de los cedros y los metales y la obsidiana del Asia Menor. Este fructífero intercambio parece haberse sostenido sobre un culto religioso común, el de Tammuz-Osiris, que hermanaba a los comerciantes de ambos países. La influencia fenicia se plasmó en numerosos mitos egipcios y, a su vez, Fenicia asumió buena parte de las innovaciones artísticas que tuvieron su origen en el país del Nilo. Hacia 2300 a.C., se han encontrado vestigios de destrucciones demuestran la llegada de invasores a Fenicia. Probablemente se trató de un pueblo de pastores seminómadas que asolaron la región cananea y se asentaron sobre las ruinas de sus ciudades, sin reconstruirlas. Esta migración se desconoce casi por completo, pero inauguró un periodo de crisis con el que concluyó la Edad del Bronce Antiguo en esta región.
editar La Edad del Bronce Medio
A la época de destrucción siguió, con el comienzo de la Edad del Bronce Medio (1900-1600 a.C.), un periodo de estabilidad y esplendor del comercio fenicio. Esta época coincidió con la instalación de los amoritas en la región, pero ello no supuso el quebranto de la actividad comercial, aunque las ciudades se fortificaron contra los ataques de los nuevos ocupantes del territorio. Los hallazgos arqueológicos sugieren un gran florecimiento de la civilización fenicia en este periodo. Tras la crisis de fines del III milenio, Fenicia renovó sus relaciones con Egipto. Éste, que atravesaba la época de expansión de su Reino Medio, extendió su presencia en las ciudades cananeas, tanto en Biblos como en Beirut y Siquem, estableciendo un protectorado que respetaba la autonomía local de las ciudades. Biblos resurgió bajo la protección egipcia, pero al parecer la dominación egipcia fue contestada en otras ciudades. Las ciudades-estado, que en esta época aparecen a menudo dirigidas por gobernantes con nombres amoritas, protagonizaron revueltas contra el poder egipcio según indican los llamados textos de execración egipcios. Sin embargo, la dominación egipcia se mantuvo hasta la época del faraón Amenehat IV, momento en que el debilitamiento del imperio egipcio hizo contraerse sus esferas de influencia. Poco después, la invasión de Egipto por los hicsos, pueblo nómada asiático, supuso el definitivo desgajamiento de Fenicia del poder egipcio, inaugurándose un periodo de independencia para las ciudades cananeas. La decadencia que sufrió Egipto bajo el dominio de los hicsos hizo que Fenicia se volviera hacia los ámbitos sirio y mesopotámico. Biblos y Ugarit mantuvieron fecundas relaciones comerciales con el reino sirio de Mari, uno de los principales centro económicos de la época. En este momento, Tiro ocupaba ya un lugar relevante entre las ciudades cananeas y junto a ella experimentaron un gran crecimiento otras ciudades, como Sidón o Arvad.
editar La Edad del Bronce Tardío
A comienzos del siglo XVI a.C., cuando se inició la Edad del Bronce Tardío (1600-1200 a.C.), Fenicia vivió el final de este periodo de independencia que tan próspero había sido para su comercio y economía. El hecho de que los hicsos fueran expulsados de Egipto afectó a las ciudades cananeas, que sufrieron el paso de este pueblo. A este periodo siguió una nueva dominación egipcia. Los faraones Amosis y Amenofis I emprendieron campañas sobre Canaán y restablecieron el protectorado egipcio sobre los principales centros fenicios (Beirut, Tiro, Biblos, Sidón, Arvad, Sarepta y Sumur). Algunas ciudades fenicias del sur, como Jericó o Megiddo, aunque pudieron conservar sus dinastías locales, fueronn sometidas a vigilancia por tropas egipcias acantonadas en los alrededores. Se estableció en todo el país una red administrativa egipcia, encabezada por comisionados y apoyada por guarniciones militares situadas en punto estratégicos. Esta administración tenía sus sedes principales en Gaza y las fuentes egipcias informan de que fue a menudo contestada en ciudades como Tiro o Sidón, que se revelaron contra la dominación nilótica. Durante los siglos XIV y XV a.C., Fenicia se vio además sacudida por la competencia que por el dominio de la región entablaron primero egipcios y hurritas y, posteriormente, egipcios e hititas. Estos imperios trataron de extender sus esferas de influencia a las diversas ciudades fenicias, que a duras penas consiguieron mantener un frágil equilibrio entre las ambiciones de sus vecinos más poderosos. La inestabilidad interna de las ciudades era grande. Distintas facciones alineadas con uno u otro poder exterior se disputaban el gobierno. En muchas ciudades se levantaron facciones que deseaban aprovechar el debilitamiento del Imperio egipcio para desembarazarse de su dominación, apoyándose en los hititas, que en esta época vivieron su periodo de esplendor. Los faraones de la XIX Dinastía tuvieron que hacer frente a la rebelión de algunas ciudades fenicias, y Ramsés II llevó a cabo una serie de campañas que culminaron 1284 a.C. con un tratado de paz con el rey hitita Hattusil II, gracias al cual concluyó la lucha entre ambos imperios en tierras cananeas y Fenicia pudo gozar de un nuevo periodo de estabilidad política. Sin embargo, el fin de la Edad del Bronce supuso un profundo cambio en la situación de las ciudades fenicias. Los grandes puertos que habían sido hasta entonces centros de la actividad económica, como Biblos o Ugarit, entraron en una época de decadencia para ser sustituidos progresivamente por otras ciudades. Desde el siglo XIII a.C., el territorio cananeo se redujo considerablemente, al ser ocupado por poblaciones recién llegadas que se instalaron en la región. A mediados de siglo, los israelitas se asentaron en Canaán provenientes de Egipto. Su arcaica organización les impidió emprender una conquista sistemática de los territorios cananeos, pero gracias a sus incursiones sorpresivas ganaron algunos territorios interiores en los alrededores de Jericó y Siquem, donde se establecieron en un poblamiento muy disperso. Pero fue la invasión de los llamados Pueblos del Mar la que produjo el quebrantamiento de la fisonomía de la sociedad fenicia a fines de la Edad del Bronce. Estos pueblos, de cuya configuración y origen se sabe muy poco, habían arrasado el Imperio hitita y se dirigían de forma imparable hacia Egipto. A su paso por Canaán asolaron Ugarit, que nunca volvió a reconstruirse, y destruyeron parte de Tiro. En el sur, Gaza, Ascalón, Asdod y Ekron fueron ocupadas por uno de estos pueblos, los peleset o filisteos, que dieron su nombre a Palestina. Otros pueblos mezclados en la oleada se instalaron en la región, como los piratas tjeker, que llegaron a dominar algunos puertos. Esta fue también la época de asentamiento en Canaán de los arameos, cuya llegada no parece relacionada con el envite de los ?Pueblos del Mar?. La invasión supuso la reducción del territorio de dominio político fenicio a la franja costera central del Líbano y la desaparición de los centros económicos tradicionales de Fenicia, pero al mismo tiempo inauguró la época de esplendor de otras ciudades que hasta entonces habían ocupado un lugar secundario.
editar La Primera Edad del Hierro.
A pesar de que las invasiones produjeron el estrechamiento territorial de la civilización fenicia, tras las invasiones ésta vivió un periodo de esplendor cultural y de rápida recuperación económica. La desaparición del Imperio hitita y la decadencia de Egipto dotaron a Fenicia de autonomía política, al tiempo que la crisis final de la civilización micénica liberó a las ciudades cananeas de su principal rival en el comercio marítimo. Por otra parte, una serie de factores internos coadyuvaron a esta evolución. En primer lugar, Fenicia experimentó en esta época un notable crecimiento de su población, debido probablemente al prolongado periodo de paz y estabilidad política que siguió a las invasiones. En segundo lugar, el país sufrió las consecuencias del deterioro ecológico que la explotación sistemática de sus recursos forestales desde el III milenio a.C. había producido. La región sufrió desde muy antiguo un proceso de desforestación para la explotación ganadera y pecuaria, que quebrantó sus condiciones climáticas y edafológicas. Así, la desaparición de los recursos forestales de la región de Biblos parece que estuvo directamente relacionada con el declive de la ciudad. El empobrecimiento de los suelos por la erosión que conllevó la destrucción de los bosques debió influir enormemente en la producción agrícola. En el siglo X a.C. sabemos que Fenicia no producía alimentos suficientes para mantener a una población en aumento. La Biblia da noticia de las importaciones de grano desde Siria e Israel. El déficit de grano de las ciudades fenicias se debió además a la pérdida del territorio agrícola circundante en la crisis de finales del II milenio. La concentración del poblamiento en las ciudades costeras constituyó un factor de desestabilización en un territorio que ya estaba superpoblado. En tiempos de Hiram I el déficit agrícola fue paliado por el acuerdo con Israel. Pero, desde los siglos IX-VIII, la expansión asiria redujo las posibilidades de colonización agrícola de las ciudades fenicias. La fundación de Kition en Chipre fue el primer indicio de un cambio de estrategia por parte de Tiro. Se trató del control de un territorio que proporcionaba a Tiro cobre de calidad y que constituía una cabeza de puente con vistas a la fundación de colonias en el Mediterráneo occidental para garatizar el comercio de plata y productos agrícolas, pero también para albergar a la población excedente. La nueva dependencia de los países vecinos en lo que se refiere a los productos agrarios hizo que los fenicios desarrollaran nuevas estrategias económicas con el fin de sufragar las importaciones de grano. Desarrollaron una producción manufacturera (vidrios, tejidos, recipientes metálicos, marfiles, muebles...) altamente especializada y de gran refinamiento técnico. Las manufacturas sustituyeron a las riquezas naturales en el primer lugar del comercio fenicio, y la producción artesanal alcanzó tal volumen que puede hablarse de un sistema industrial. Esta producción obligó a los fenicios a buscar materias primas para su industria fuera del empobrecido medio físico que habitaban. Fue éste el origen de su expansión marítima. Aprovechando las rutas marítimas abiertas por la desaparecida civilización micénica, los fenicios se lanzaron al control comercial del Mediterráneo y a su exploración en busca de materias primas, entre las que se hizo especialmente deseable el hierro, cuya industria había sustituido a la del bronce. La política exterior de Tiro y del resto de las ciudades fenicias se basó desde el siglo X en su papel como intermediaria comercial entre las grandes potencias orientales, en la producción especializada de bienes de lujo y en el abastecimiento de metales preciosos a los estados asiáticos. Desde fines del siglo IX, la creciente presión tributaria del Imperio asirio sobre las ciudades fenicias y su apremiante necesidad de metales para dotar a su ejército y a su industria, repercutió en la enorme prosperidad del comercio fenicio. Durante el I milenio, el hierro fue el material estratégico más importante que los grandes estados del interior de Asia utilizaron para equipar a sus ejércitos; pero sobre todo fue importante la plata, por su valor en las transacciones comerciales, el metal más codiciado por los asirios. Asiria favoreció el papel de Tiro como intermediaria comercial con el Mediterráneo y mantuvo relaciones preferentemente con la ciudad asiria. A cambio de la libertad de comercio, Asiria obtenía materias primas y metales de Tiro. A fines del siglo IX, los comerciantes fenicios perdieron el mercado sirio-anatólico desde la alianza sirio-urartuta, que les cerró el paso a las ricas minas de Cilicia y Asia Menor. A partir de entonces sólo contaron con las reservas metalúrgicas occidentales. Por otra parte, la economía de tipo palaciego que había predominado durante la Edad del Bronce entró en su crisis final tras las invasiones de fines del II milenio. En este nuevo periodo, las iniciativas privadas de exploración y colonización, muchas veces auspiciadas por los templos, sustituyeron a la realeza en la planificación de la economía y en el diseño de sus objetivos. Desde el siglo X a.C., la ciudad de Tiro se convirtió en el más importante centro urbano de Fenicia. Fue ésta la época del rey Hiram I, bajo el que Tiro llevó a cabo grandes empresas en el Mediterráneo y en el mar Rojo. Hiram extendió la influencia de Tiro a Chipre, donde ya existía una colonia fenicia anterior, Kition. Hiram mantuvo excelentes relaciones con el rey Salomón de Israel, al que envió arquitectos fenicios que construyeron el templo de Yahvé en Jerusalén. La mítica ?flota de Tarsis? de Tiro colaboró con Israel en algunas arriesgadas empresas marítimas. Esta alianza se mantuvo incluso después de que el reino de Salomón se dividiera en los estados de Judá e Israel.
editar La Segunda Edad del Hierro
Durante este periodo (900-550 a.C.), la red de colonias fenicias se convirtió en un imperio comercial merced a su dominio sobre el tráfico del hierro. Por ello, los imperios mesopotámicos trataron en repetidas ocasiones de someter a las ciudades fenicias orientales, con el fin de asegurarse el control sobre el comercio mediterráneo. De este modo, Fenicia sufrió el final del periodo de autonomía que siguió a las invasiones de los ?Pueblos del Mar?. Primero los asirios y, posteriormente, los babilonios y los persas recurrieron a las campañas militares para imponer su protectorado o su dominación directa sobre las ciudades cananeas. En 875 a.C., el rey asirio Assurnarsipal II sometió a tributo a las principales ciudades fenicias, incluida Tiro, tributo que fue renovado en tiempos de Salmanasar III mediante sucesivas incursiones militares. Por su parte, Egipto, que vivía un periodo de recuperación bajo los faraones de la XXII dinastía, pugnaba por recuperar su influencia sobre Fenicia. Los faraones apoyaron la resistencia anti-asiria de las ciudades cananeas e impusieron su protectorado sobre algunas de ellas, como fue el caso de Biblos. Tras la muerte del asirio Salmanasar III, la crisis de su imperio favoreció las ambiciones de Egipto, que pudo ampliar su dominación sobre Fenicia. La competencia de estos dos imperios por el control sobre las ciudades cananeas produjo graves tensiones en el interior de las mismas. Nuevamente se decantaron distintas facciones dentro de la clase dirigente urbana. La realeza de las ciudades y los sectores aristocráticos cuya fuente de riqueza radicaba en la propiedad sobre la tierra y en el poder político, formaban la tendencia filo-asiria. Para esta facción, el pago de tributos a los asirios era preferible a la dependencia administrativa y política del Imperio egipcio. Por su parte, las clases urbanas de artesanos y comerciantes propugnaban la alianza con Egipto como medio de desembarazarse de los onerosos tributos debidos a los asirios, que recaían principalmente sobre el producto del comercio. Estas tensiones produjeron luchas internas en el seno de algunas monarquías, y en el caso de Tiro dieron lugar a la escisión de la dinastía. La hermana del rey de Tiro, Elisa, se alineó con la facción filo-egipcia de la ciudad y, tras luchar por el gobierno de la ciudad, se exilió junto con sus partidarios. Del periplo de Elisa surgió en 814 a.C. la fundación de Cartago, que habría de convertirse en la principal metrópolis colonial fenicia. Con la subida al trono asirio de Tiglat-Pilaser III se inició un nuevo periodo de sometimiento de las ciudades cananeas. Los asirios abandonaron su antigua estrategia de imposición de tributos para pasar a una política de conquista y ocupación del territorio. En 743 a.C., Asiria se anexionó el norte de Fenicia y sus ciudades perdieron gran parte de su autonomía política. Durante el reinado del asirio Senaquerib, una coalición de ciudades protagonizó una importante revuelta, a la que siguió una represión por la que Tiro fue sometida a sitio durante 5 años. Posteriormente, una rebelión apoyada por Egipto durante el reinado del asirio Asarhadón concluyó con la destrucción de Sidón en 667 a.C. y con la anexión de los territorios aledaños a Tiro, ciudad ésta que quedó reducida a su territorio insular. Buena parte de Fenicia fue sometida a la administración directa del Imperio asirio y repartida en provincias. Desde entonces, sólo Biblos, Arvad y el islote de Tiro conservaron una cierta autonomía, aunque sometidas al pago de tributos y a la presencia de gobernadores asirios. La destrucción del Imperio asirio por la coalición de las fuerzas babilonias y medas en 612 a.C. supuso el fin de la dominación asiria sobre Fenicia. Sin embargo, las consecuencias del periodo de la violenta conquista asiria eran ya irreversibles: gran parte de la población fenicia había huido de sus devastaciones, configurando un movimiento migratorio que benefició a las plazas fenicias de ultramar. Este proceso de poblamiento convirtió a las antiguas factorías comerciales de las costas mediterráneas en auténticas ciudades. En las ciudades fenicias orientales, la desaparición del Imperio asirio fue seguida por el apogeo del Imperio babilónico y por una nueva dominación. Bajo Nabucodonosor II, los ejércitos babilónicos sometieron Tiro tras un sitio de 13 años. La ciudad acabó claudicando y ello supuso el fin de su monarquía, que fue sustituida por un gobierno de magistrados civiles (sufetes) más favorable a los intereses de las clases comerciantes. Finalmente, la unificación de todo el Oriente Próximo por el Imperio persa afectó también a las ciudades cananeas, que pasaron a formar parte de una de las satrapías o unidades administrativas del imperio. La dominación persa parece que fue mucho menos onerosa para los fenicios orientales que las anteriores, puesto que no se han conservado noticias de rebeliones y las ciudades gozaron de una amplia autonomía local.
editar Última Edad del Hierro y periodos helenístico y romano
Durante el periodo de la dominación persa en la Última Edad del Hierro (550-330 a.C.), las ciudades de Fenicia oriental conservaron una relativa autonomía. La reforma administrativa llevada a cabo por el emperador Darío incluyó a Fenicia en la quinta satrapía, junto con Chipre, Siria y Palestina, pero no cambió sustancialmente la situación de las ciudades cananeas. Éstas conservaron su sistema de autogobierno y sus dinastías locales, y actuaron como aliadas contra los enemigos exteriores de Persia, como en el caso de las guerras que enfrentaron a persas y griegos. Con la decadencia del Imperio persa, se inició una nueva época de virtual independencia para las ciudades fenicias, que se volvieron hacia el floreciente ámbito griego, con el que las unían fuertes lazos comerciales. En 332 a.C., la mayoría de las ciudades abrieron sus puertas sin resistencia a los ejércitos de Alejandro Magno. Durante el periodo helenístico, las ciudades mantuvieron su autonomía a pesar de que el territorio cananeo fue nuevamente el objetivo de la competencia de Seleúcidas y Ptolomeos. Fue esta una época de empobrecimiento comercial para las ciudades cananeas, que tuvieron que competir con la pujanza económica de Alejandría. Tras la conquista romana en 64 a.C., Fenicia fue integrada en el esquema de la administración latina sin perturbaciones aparentes, puesto que el sistema de gobierno colegiado de los sufetes, que en la mayoría de las ciudades había sustituido al poder monárquico sacramental, se adaptaba muy bien a la administración romana. El comercio de las ciudades orientales se benefició enormemente de la llamada pax romana y floreció nuevamente tras un largo periodo de declive. La romanización de Fenicia fue muy profunda. Sin embargo, el sustrato de la lengua y la cultura cananeas se mantuvo vivo durante todo el periodo de dominación romana e incluso posteriormente. En tiempos de san Agustín, ya en plena decadencia del Imperio romano, sabemos que la lengua fenicia se hablaba aún en Cartago y que la herencia cultural y civilizadora cananea se había mantenido en rescoldo en todo el área colonial fenicia. La tradición de sincretismo y cosmopolitismo de esta civilización posiblemente ayudó a que su legado sobreviviera a la azarosa historia del pueblo fenicio.
editar Cultura
El pueblo fenicio contribuyó a crear un importante vínculo entre las civilizaciones mediterráneas y más aún entre las formas artísticas del mundo antiguo, por imitación, fusión y difusión de ellas, aunque no se le considere como original creador de una gran cultura propia.
La cultura fenicia fue muy importante en su época pero, desgraciadamente, han quedado pocas huellas de su historia. Conocemos de su existencia, sobre todo, a través de los textos de otros pueblos que entraron en contacto con ellos, en particular los asirios, babilonios y, más tarde, los griegos, pero que con frecuencia han sido voluntariamente manipuladas debido a que estos pueblos habían sido rivales y enemigos de los fenicios. Se estudia principalmente en las ruinas de las ciudades que fueron colonias de Sidón o Tiro, como las de Cerdeña y Andalucía1 y, sobre todo, en las establecidas en la isla de Chipre.
editar Alfabeto
Los fenicios son los inventores del alfabeto. Comenzaron a utilizar símbolos para identificar animales y objetos para colocar las letras. El alfabeto fenicio está basado inicialmente en ideogramas, a los que se dio un valor fonético. El proceso de creación sucedió en Biblos (Byblos), de donde vienen las palabras libro y biblioteca. El alfabeto fenicio fue adoptado por los griegos para crear su alfabeto, y los hebreos lo copiaron para la elaboración del suyo propio, y éste, a su vez, lo utilizaron los romanos para crear el suyo, escribiendo las letras giradas 90º debido a las divergencias en su modo de escribir; ésta es la base del actual alfabeto latino.2 En cuanto a las otras lenguas semíticas, desarrollaron igualmente alfabetos basados en el fenicio, como el alfabeto hebreo, el árabe o el siríaco, entre otros. El alfabeto fenicio también fue adaptado por los íberos.
Los fenicios utilizaban un alfabeto fonético, que los griegos adaptaron a su propia lengua y, con el tiempo, sirvió de modelo para los posteriores alfabetos occidentales. Este alfabeto constaba de 22 signos para las consonantes, y no tenía vocales, pero fue muy importante pues era sencillo y práctico, a diferencia de otros alfabetos coetáneos que sólo dominaban los escribas y altos funcionarios, tras un arduo aprendizaje. Apenas quedan restos de escritura fenicia sobre papiro debido al clima presente en la zona y si que se conservan sobre materiales más resistentes como la piedra o la arcilla. Los griegos adoptaron las letras fenicias y agregaron algunos símbolos propios que hacían las veces de vocales.
editar Arte fenicio
Sus producciones son más artesanales que artísticas, y en sus esculturas, cerámicas, joyas y objetos de metal, domina la influencia egipcia desde el siglo X a. C. (que es la fecha más antigua que se suele asignar al arte fenicio), con elementos asirios, hasta llegar al siglo VII a. C. Sin embargo, a partir de entonces prepondera la influencia griega, llegando a veces a confundirse sus producciones con las griegas, como se confunden las anteriores al siglo X a. C. con las asirias y egipcias. Por ello se suele decir que no existe un arte fenicio propio, sino que son imitaciones de las culturas colindantes a fenicia.
Las formas de arquitectura se infieren más por los dibujos de los sellos y otros relieves que por las ruinas de sus edificios aunque no faltan algunos restos de piezas arquitectónicas hallados en Chipre y Fenicia. Entre éstos, figura el capitel con volutas (espirales), inspirado en el arte oriental y que bien pudo ser el antecesor del capitel jónico. Los templos fenicios (como el de Biblos) se distinguían por tener el santuario sin cubierta. En él se daba culto a una piedra o betilo que generalmente consistía en un aerolito de forma cónica (como piedra caída del cielo) situado en medio de la estancia a la cual precedía un atrio rodeado interiormente de columnas. Era también característica la forma que a los sarcófagos suntuosos de piedra daban los fenicios sidonitas que se adaptaba más o menos al contorno de la figura humana como los de la madera egipcios (sarcófagos antropoides) y ostentaba la tapa en laque, donde creaba un relieve que enfatiza la cabeza, el sudario que cubre el cuerpo recuerda a la momificación egipcia.
También dejaron impronta de su arte en dos sarcófagos hallados en el sur de España, aunque se desconoce el lugar de su fabricación pudieron ser esculpidas en una de las ciudades fenicias, o bien por los mismos fenicios en una de las colonias fenicias que se encontraban en el sur de la península Ibérica. Ambos sarcófagos son antropomorfos. Uno de ellos representa a un hombre y el otro a una mujer.
La mano derecha en el sarcófago masculino la tiene sobre el corazón lo que es elemento iconográfico que nos quiere dar a entender la balanza entre el bien y el mal que se hará para poder seguir en la otra vida. Se realiza un claroscuro a base de cincelar en la cabeza del sarcófago.
En el sarcófago femenino lleva en la mano derecha un pomo que simboliza la ofrenda a los dioses para que sea llevada al más allá. Los ojos tienen forma almendrada y miran al horizonte, al pelo se le da un tratamiento geométrico.
Destaca el capitel fenicio de Galera que es un antecedente del jónico. También hay que destacar a la diosa de la Galera, hecha en alabastro, servía como recipiente para llevar a cabo las libaciones y forma parte del ajuar funerario. Se dan unos vestidos orientalizados. Tiene una íntima relación la ceja, la nariz y los ojos almendrados. Se da la ley de la frontalidad con la mirada distante. La diosa posee una esquematizada túnica y va sin calzado alguno. La mano es excesivamente grande, por lo cual pierde su elemento naturalista. La entronización muestra su clara tendencia oriental con dos impresionantes esfinges a sus lados que son símbolos de protección. Es similar la cara de la esfinge a la de la diosa.
En relación con la muerte se encuentra un tynaterium fenicio perfectamente labrado que es un vaso de perfumes púnico que pertenecía a los ajuares funerarios en el que aparecen cuatro dioses y la representación del árbol de la vida.
editar Comercio e industria
El comercio era la actividad principal de la economía de los fenicios. Esta consistía en el intercambio o trueque de mercancías que ellos mismos producían y el transporte de las elaboradas por otros pueblos. Fueron los grandes mercaderes de la antigüedad. La geografía, que propiciaba la instalación de puertos, y la madera de sus bosques les brindaban los elementos básicos para construir barcos y organizar compañías de navegación. Una de ellas fue contratada por el rey persa Darío en el siglo V a. C. También desarrollaron la talasocracia un arte que les permitía controlar comercialmente el mediterráneo. El comercio de la intermediación resultó ámpliamente beneficioso. Consistía en desembarcar mercancías propias en un puerto determinado, y embarcar allí otros productos, después se transportaban a un tercer lugar en donde se repetía la operación y así sucesivamente hasta volver al puerto de partida. El viaje total podía llegar a durar años.
Los fenicios ante todo fueron unos magníficos navegantes. La determinación del Norte por la Osa Menor y no por la Osa Mayor como los griegos, así como el conocimiento de la posición fija de la Estrella Polar les permitió no tener que recalar al atardecer y poder proseguir su viaje incluso en la noche. Los fenicios realizaron algunos viajes prácticamente legendarios como el enviado por el faraón Necao II para circunnavegar África, o el viaje al mítico país de Ophir, encargado por el rey de Israel, Salomón, a su amigo Hiram I de Tiro. Se cuenta incluso que llegaron a la India o Gran Bretaña, algunas fuentes apuntan que pudieron recalar en América, aunque son fuentes sin apenas rigor histórico, aunque sí se está casi seguros de que fueron los descubridores de las islas Canarias, Madeira y las islas Azores,3 totalmente alejadas de la costa, en el océano Atlántico. Existen muchos defensores de la teoría del “descubrimiento de América” por parte de los fenicios, incluso el mismísimo Cristóbal Colón estaba plenamente convencido de esta posibilidad. La realidad es que, si bien esto no resulta algo absolutamente improbable, ya que algunas de las naves fenicias estaban tan capacitadas para alcanzar las Antillas o las costas de Sudamérica como lo estaban las naves españolas de los conquistadores del siglo XV, no existe hasta la actualidad prueba documental alguna que lo testimonie irrefutablemente.
Al principio los viajes eran puramente mercantiles, tendentes a ofrecer productos de lujo a las élites locales a cambio de materias primas. Con preferencia , aunque no siempre, metales. Ello requería una serie de tanteos exploratorios previos, tras lo cual se establecía un patrón de contacto. Por lo general el navío se aproximaba a una playa y sus tripulantes dejaban extendidas sobre la arena sus mercancías. Después encendían una fogata a modo de aviso y volvían al barco a la espera de la respuesta de los pobladores del lugar. Éstos solían depositar junto a los productos fenicios lo que ofrecían a cambio y se retiraban, a su vez, lejos del lugar. Los fenicios volvían a la playa para verificar si el trueque les convenía. Si era así, tomaban lo aportado por los nativos y se hacían a la mar. En caso contrario, volvían a su bajel, esperando que los naturales incrementaran su oferta. La operación se repetía tantas veces como hiciera falta, hasta que ambas partes quedaban satisfechas. La puesta en práctica de estos procedimientos a lo largo del tiempo solía dar lugar al establecimiento de colonias y factorías.
Los barcos que utilizaban eran construidos con maestría por ellos mismos en enormes astilleros que evidenciaban su poderoso desarrollo en la actividad marítima. Las naves que construían eran de dos tipos: una ligera, de fácil navegación, que llevaban una vela fija de forma cuadrangular, con una propulsión alternativa proporcionada por una doble fila de remeros; otra más grande y pesada, especial para grandes cargas, que era impulsada por dos velas cuadradas, una grande central, y otra menor a proa, ésta última fija, mientras que la grande era movible y permitía el aprovechamiento de vientos de distinta direcciones. Navegaban mayormente de día, normalmente evitando alejarse de las costas y durmiendo en campamentos que armaban en la playa durante la noche.
Si debían internarse en el mar de noche, procuraban orientarse por las estrellas aprovechando los conocimientos astronómicos obtenidos de los caldeos, tomando como referencia la Estrella Polar, denominada en la antigüedad Estrella Fenicia. Su maestría en el arte de la navegación y el desarrollo de su ingeniería naval, les permitía desconocer límites en sus desplazamientos. Según el historiador griego Herodoto —considerado el padre de la historia—, alrededor del año 600 a. C. los fenicios llegaron a realizar la circunnavegación del continente africano, una verdadera hazaña sin precedentes registrados, y que, mirando hacia el futuro, no volvería a realizarse esto, o algo similar, hasta algunos miles de años después.
Las mercancías que obtenían en un territorio, eran llevadas para su comercialización a su propia tierra, y a ciudades y pueblos lejanos donde las apreciaban enormemente y pagaban por ellas enormes sumas. De esta forma, cargaban en Arabia esencias, mirra, oro y exóticas piedras preciosas; en Asiria obtenían porcelanas y delicadas piezas labradas en fino marfil, procedentes de la China, telas de hilo, sedas y algodón; de la India provenían las codiciadas especias, finas maderas y perlas. De la zona del mar Negro y de la actual España, traían caballos, y además de, ésta última y de algunas zonas del mar Egeo, obtenían mármoles con los que saciaban los caprichos de reyes y potentados de todo el mundo conocido, que construían sus viviendas y palacios con el fino material. De Egipto llevaban finas telas de lino y grandes cantidades de cereales, al igual que varios siglos más tarde lo haría el imperio romano al convertir el Egipto prácticamente en el granero imperial. Normalmente, muchas de estas materias primas eran previamente convertidas en productos manufacturados que inundaban todos los mercados y eran enormemente requeridos.
De esta forma, llegaron a alcanzar tal dominio sobre los mares, que ejercían un virtual monopolio sobre las rutas marítimas a lo largo de todos lo mares conocidos, cosa que, obviamente comenzó a despertar la codicia de quienes observaban cómo los fenicios se enriquecían sin pausa. Esta situación los llevó a cuidar con tal celo sus conocimientos sobre rutas e industria marítima y comercial, que ante la mínima posibilidad de ver descubiertos sus secretos, no dudaban en hundir sus propios barcos, o abandonar sus factorías, además de difundir aterradores rumores de monstruos marinos, terribles catástrofes naturales y naufragios, que llegaron incluso a seguir asustando a los marinos de más allá de la Edad Media.4
Mediante constantes expediciones en ambas direcciones, se comercializaban los productos, que consistían en materias primas, productos manufacturados en fenicia, y productos de diferentes culturas de lejanas tierras. La manufactura de productos fue adquiriendo una importancia enorme en la economía, creando las clases de la aristocracia industrial y la clase obrera.
La industria, de esta manera fue adquiriendo una importante relación con el arte, el comercio y la actividad marítima. Las factorías y talleres casi no daban abasto para satisfacer la demanda de productos manufacturados que se incrementaba día a día desde todos los confines, y por esto llegaron a alcanzar una producción en alta escala que abarató los costos, aumentando más y más las ingentes ganancias. Todo tipo de productos salían de las fábricas fenicias, especialmente productos de un fino vidrio sumamente transparente que se fabricaba en Sidón, y que superaba en calidad al producido tradicionalmente por Egipto. También se destacaron en la producción de armas, adornos y obras de arte en hierro y bronce, incluso de estatuas y bustos de ídolos de las diferentes religiones que profesaban los diferentes pueblos con los cuales comerciaban; productos suntuosos de joyería, utensilios, vasos y vajilla confeccionados en vidrio, oro, plata y bronce.
editar La expansión fenicia por el Mediterráneo
Las fuentes antiguas hacen remontarse el inicio de la expansión fenicia por el Mediterráneo a fechas muy tempranas. Las tradiciones griegas situaron la fundación de las primeras colonias fenicias después de la caída de Troya, que se data en 1184 a.C. Tras las convulsiones que dieron lugar al derrumbamiento de la civilización micénica, los fenicios tendieron una amplia red de relaciones con el mundo egeo, que sufría un profundo retroceso cultural y económico, de ahí que las fuentes antiguas sitúen el comienzo de los contactos entre griegos y fenicios en dicha época. El conocimiento de los astros y una serie de mejoras técnicas en la construcción de barcos permitieron a los fenicios emprender un proceso de expansión que acabó configurando una verdadera talasocracia que sustituyó a la micénica. La expansión se produjo a través del entramado de islas que jalonan el Mediterráneo. A partir de sus bases continentales, los fenicios tendieron una cabeza de puente en Chipre, de donde pasaron a Roda, que fue su puerta al Egeo. Desde allí se dirigieron a la isla de Creta, que utilizaron como trampolín hacia las islas del Mediterráneo central. Malta, Sicilia, Gozo, Pantellaria y Lampedusa fueron colonizadas por navegantes fenicios. La costa norteafricana y la isla de Cerdeña fueron sus objetivos posteriores. Finalmente, los fenicios se aventuraron hasta las Baleares y de allí pasaron a dominar el Estrecho de Gibraltar, en cuyas orillas establecieron numerosas factorías. Chipre fue el primer objetivo de esta expansión. La primera colonia fenicia en dicha isla fue Kition, al parecer fundada por gentes de la ciudad de Sidón en época muy antigua. A esta primera fundación siguieron las de Idalion, Tamassos, Golgoi, Marion y Lapethos. Las colonias chipriotas tuvieron un papel muy activo en el proceso de colonización de otros ámbitos. Junto con Rodas, las ciudades chipriotas fueron los principales centros de producción manufacturera de los productos ?orientales? (cerámicas, bronces, joyas, muebles...) que se distribuían por todo el Mediterráneo. La situación geográfica de la isla la convirtió en el núcleo del comercio marítimo del Mediterráneo oriental, posición que conservó a pesar de las tribulaciones políticas por las que atravesaron las ciudades de la costa fenicia a través del tiempo. Desde principios del siglo VIII, se produjo en el Mediterráneo occidental la llegada de grupos de población fenicia que se establecían a lo largo de las rutas de navegación que conducían a las dos principales reservas de metales de Occidente: Cerdeña y Tartessos. Las fuentes historiográficas griegas situaron la fundación de las primeras colonias tirias en el Mediterráneo occidental -Gadir, Lixus y Útica- en torno a 1100 a.C., aunque los vestigios arqueológicos la sitúan más tarde, a principios de siglo VIII a.C. En el Mediterráneo central y occidental, la colonización fenicia se desarrolló siguiendo una serie de fases. En un primer momento, las expediciones exploratorias establecieron pequeñas factorías comerciales, desde fines del siglo IX o principios del siglo VIII a.C. Más tarde, desde comienzos del siglo VII a.C., se produjo un proceso de emigración masiva de gentes provenientes de Fenicia que escapaban del terror de la conquista asiria y que procedieron al poblamiento de las antiguas factorías. Se produjo el crecimiento demográfico de los establecimientos ya existentes y la fundación de otros. Cartago y las colonias de Sicilia (Motya), Cerdeña (Sulcis, Caralis y Tharros) y del sur de la Península Ibérica (Gadir, Sexi y Toscanos, entre otras) experimentaron un gran crecimiento durante esta fase. Otras muchas colonias se fundaron, bien desde la propia Fenicia bien desde algunas de las grandes colonias, como Cartago o Gadir. Así, Leptis Magna o Sabratha, en la costa norafricana, o Ebusus, en las Baleares. Desde aproximadamente 600 a.C., se inició una nueva fase en el proceso de colonización, en la que las colonias fueron perdiendo progresivamente su vinculación a las ciudades cananeas orientales debido a la crisis que reinaba en aquella región. Chipre se convirtió en el principal nexo entre el Mediterráneo oriental y las colonias más occidentales. Cartago, emplazada en una península del golfo de Túnez, fue fundada, según la tradición, en 814-813 a.C. por una facción de la aristocracia tiria. Su importancia se revela ya en su nombre: Qart-hadasht, que significa ?capital nueva?. Fue sin duda la colonia fenicia más extensa y poderosa. Su superficie urbana fue comparable a la de las grandes ciudades de Oriente. Su densidad de población fue también muy superior a la del resto de las colonias fenicias. A mediados del siglo VIII a.C., había alcanzado ya su carácter de gran metrópolis comercial debido a su posición estratégica, ya que era paso obligado de las naves que, procedentes de Gadir, regresaban a Tiro. Cartago dominaba además las feraces llanuras interiores, que constituían una de las regiones agrícolas más importantes de África. Cartago estableció una esfera de influencia con la fundación de otras colonias fenicias en Sicilia y Cerdeña. En Sicilia, la colonia fenicia más importante fue la Motya; emplazada en un islote frente a la ciudad de Marsala, al este de la isla, Motya dominaba el canal de Sicilia frente a Cartago, canal que constituia un enclave vital para la navegación. Motya reprodujo el tipo de asentamiento fenicio introducido en Occidente con la fundación de Cartago: una necrópolis de incineración situada al norte del islote, diversas dependencias mercantiles y portuarias, un templo, y un recinto sagrado o tofet en el centro de la ciudad. Motya, sin embargo, no se expandió hacia el interior de Sicilia, sino que se benefició de su posición estratégica que le permitía el acceso a las vías comerciales del mar Tirreno y la Italia peninsular. En Cerdeña, la concentración de población fue muy importante. Los grandes centros portuarios, como Cagliari, Nora, Bithia, Sulcis y Tharros, en el sur y suroeste de la isla, fueron el núcleo de expansión fenicia hacia el interior durante los siglos VIII y VII, con el objetivo de controlar la producción agrícola y metalúrgica. Sulcis, por ejemplo, creó durante el siglo VII una amplia red de fortificaciones -Monte Sirai, Pani Loriga- destinada a garantizar el control sobre el territorio circundante rico en plomo y plata. La construcción de estos enclaves fortificados, fundados a veces sobre poblados devastados, sugieren que los fenicios practicaron una política de conquista violenta sobre la población autóctona. La manifestación cultural más conocida de las colonias fenicias del Mediterráneo central fue el tofet, un recinto sagrado situado en la periferia de las colonias, donde se practicaban sacrificios humanos y se inmolaban niños en honor de la divinidad (Baal, Astarté o Tanit). Esta práctica tiene su origen en Fenicia e Israel, pero su máximo desarrollo se dio en Sicilia, Cartago y Cerdeña. Las tradiciones griega y latina posteriores denunciaron el sacrificio de niños, sobre todo primogénitos de las familias más ilustres de la ciudad. El sacrifico humano en Cartago parece que estuvo relacionado con los grandes magistrados y príncipes de la ciudad, debido a la identificación antigua entre el concepto de ciudadanía y la ofrenda de sacrificios, que monopolizaba la clase dirigente. En el Mediterráneo occidental, Gadir desempeñó el mismo papel que Cartago. Su influencia se extendió desde Ibiza, posiblemente una fundación gaditana de los siglos VIII-VII a.C., hasta Lixus y Mogador, en la costa atlántica marroquí. Durante la segunda mitad del siglo VII a.C., pobladores fenicios procedentes de Gadir se establecieron en diferentes puntos de la isla de Ibiza. El asentamiento de Gadir estaba emplazado en la isla más pequeña (Erytheia) de un archipiélago que hoy se encuentra unido a tierra formando la península de Cádiz. Los objetivos de Gadir eran canalizar las riquezas procedentes de su territorio inmediato -Tartessos- y controlar el acceso a la ruta atlántica a través del estrecho de Gibraltar, donde los fenicios obtenían estaño, oro y marfil a través de la colonia de Lixus, que conducía directamente a unos territorios interiores ricos en marfil, oro, sal, cobre, hierro y plomo. Más al sur, la isla de Mogador estaba situada en aguas ricas en pesca y atún. Gadir mantuvo una intensa explotación de la plata tartésica, exportada a Oriente y a Grecia en lingotes. La importancia de Gadir no radicó tan sólo en su monopolio sobre la plata de Tartessos, sino también en su célebre templo de Melqart, cuyo prestigio está recogido en todos los escritores clásicos del mundo antiguo. El dios Melqart, más tarde asimilado a Herakles-Hércules, era el patrón de Tiro y, por tanto, el representante de la monarquía tiria en Gadir. Para facilitar los contactos con el valle del Guadalquivir y el área tartésica, Gadir creó a principios del siglo VIII un puerto continental situado en la desembocadura del río Guadalete, hoy en la Torre de Doña Blanca. Existen además numerosos asentamientos fenicios localizados entre Almería y el río Guadalhorce, en Málaga. En esta región se ha localizado la mayor concentración conocida de colonias fenicias arcaicas de todo el Mediterráneo occidental. Estas pequeñas colonias se situaron en las desembocaduras de los principales ríos de la Andalucía oriental, lo que permitía a sus pobladores dominar las vías de penetración hacia las vegas de Granada y Almería y explotar los valles de aluvión que garantizaban el abastecimiento agrícola. Uno de los enclaves más importantes fue el del Cerro del Villar, en la desembocadura del río Guadalhorce, en la actual Málaga. Los yacimientos arqueológicos muestran que allí se desarrolló una industria especializada en la producción de ánforas y grandes contenedores. El enclave dominaba la entrada hacia las campiñas de Sevilla y Córdoba (es decir, Tartessos) y desarrolló una agricultura intensiva de regadío. Por otra parte, la minería intensiva alrededor de la región de Huelva requirió grandes cantidades de madera como combustible, lo que produjo un intenso proceso de desforestación. Otros asentamientos cercanos, como el de Toscanos o el de Sexi, tenían este mismo carácter de colonias agrícolas y centros especializados en la producción y almacenamiento de mercancías destinadas al comercio con las poblaciones indígenas del interior.
editar Colonias y factorías
Durante sus largos viajes debían abastecerse en distintos puntos de su recorrido. Con el tiempo, esos sitios fueron transformándose en establecimientos permanentes, llamados colonias. Los fenicios no conquistaron territorios, como otros pueblos invasores de la antigüedad, sino que fundaban establecimientos en sitios propicios de las costas para abastecerse y como almacenaje. Los marinos comerciantes de la ciudad de Sidón crearon asentamientos-almacenes amurallados, llamados factorías. Existieron numerosos establecimientos de este tipo en las costas del mar Mediterráneo, la costa atlántica y la costa occidental del África. 1-) Las concesiones. Éstas se establecían en sectores que les eran asignados dentro de las ciudades, luego de llegar a importantes acuerdos con los monarcas de cada una de ellas. En algunas ciudades llegaron a poseer barrios enteros que se constituían en enormes mercados que aparecían a la vista como barrios de Tiro, Biblos o Sidón. 2-) Las colonias eran siempre localizadas en lugares estratégicos de grandes posibilidades comerciales. Una de las primeras construcciones que realizaban era la de los templos.
También se establecieron en las proximidades de algunas ciudades, donde obtenían concesiones, como en la ciudad egipcia de Menfis. Los fenicios preferían establecer sus colonias y factorías en lugares donde el poder socio-político local fuera débil, para que a la hora de capturar esclavos, no hubiera una contestación muy contundente por parte de los nativos. Algunas de estas colonias fueron el origen de importantes ciudades en lugares como Rodas, Creta, Cádiz (en la actual España), Malta y Cartago (en la costa de Túnez, al norte de África), esta última se convirtió posteriormente en un importante enclave que llegó a mantener durante mucho tiempo la hegemonía del mar Mediterráneo.
Las factorías fenicias, que consistían en algunos almacenes y casas cerca de algún fondeadero fácil, se esparcían prácticamente por toda la costa mediterránea y sus islas, desde ellos establecían contactos periódicos con las naves de Fenicia y permanentes lazos comerciales con los nativos: desde Gádir, más allá del estrecho de Gibraltar que era la puerta del océano Atlántico, hasta las costas de Asia, y el mar Negro. Los viajes fenicios establecieron nexos perdurables entre el Mediterráneo oriental y el occidental, no solo comerciales, también culturales.
Si bien la geografía de la región era accidentada, los fenicios aprovecharon al máximo las posibilidades del suelo para la explotación agrícola y cultivaron hasta en las laderas de las montañas. Sus bosques del Líbano les permitían la explotación maderera. También elaboraron artesanía, como sus cerámicas —muy difundidas y utilizadas—, objetos de vidrio coloreado, y tejidos de lana teñidos con púrpura de Tiro, o murex,5 un colorante indeleble que sólo ellos sabían producir y que extraían de un molusco y que terminó dando nombre a como los mismos fenicios se llamaban entre ellos: "kinanu". La forma de elaborar este tinte era extrayendo la glándula hipobranquial del molusco y dejándola secar al Sol en una cacerola con algo de agua de mar, dependiendo de su concentración y descomposición se podían obtener distintos colores. Este proceso generaba olores nauseabundos y los griegos decían que podían distinguir una ciudad fenicia a kilómetros de distancia.6 Desarrollaron una industria de artículos de lujo muy solicitados en la época y de gran valor comercial, como joyas, perfumes y cosméticos. Una de estas joyas eran los carabos o escarabajos mágicos egipcios, que los fenicios decoraban a su gusto, introduciendo jeroglíficos sin sentido alguno, sólo decorativos.
A pesar de que la fama de los Fenicios proviene fundamentalmente de sus actividades comerciales y colonizadoras a través de sus viajes marítimos, también se destacaron en estas actividades por tierra, mediante el tráfico de caravanas de camellos. Estas extensas filas de animales cargados de preciosas mercancías se dirigían desde las ciudades fenicias hacia oriente, por las rutas de Armenia y hacia el África atravesando el desierto del Sáhara desde la colonia de Cartago.
Con el paso del tiempo comenzaron a colonizar diversos territorios mediante la fundación de colonias permanentes y factorías estratégicamente localizadas. A partir del emplazamiento de estos establecimientos, se intensificó y se organizó la práctica del tráfico de esclavos, lo que les proporcionaba enormes beneficios.
editar Sociedad
Constituyeron monarquías hereditarias en las que el rey solía desempeñar también funciones sacerdotales. Si bien se trataba un soberano absoluto con base teocrática, se apoyaba en un consejo de ancianos y contaba con un cuerpo de funcionarios. Entre ellos destacaba el sufete, un magistrado temporal cuyas funciones exactas resulta difícil precisar, pero que tendría una gran importancia en las futuras colonias occidentales. Unos de los cometidos principales de estos reyes, además del sacerdotal, era mantener el equilibrio entre dos sectores sociales cuyos intereses podían llegar a oponerse: el representado por la oligarquía comercial, que cada vez adquirió un mayor poder, y el de la nobleza tradicional de base agrícola. Y es que la gran expansión y la riqueza de la sociedad fenicia se debieron en gran medida a su activo comercio, pero no hay que olvidar que sentaba sus bases en la tierra. En la agricultura intensiva y en el cuidado de sus rebaños, así como en la tala de árboles.
Era una dinámica sociedad de hombres libres que constituían familias patriarcales y monógamas en las que las mujeres desempeñaban un destacado papel. Era una sociedad que en lugar de equipar grandes ejércitos, confiaba más en la estratégica ubicación de sus ciudades, de difícil acceso y protegidas por sólidas murallas, suministradas por el creciente poderío naval que poseían en caso de asedio. Estas gentes solían organizarse en grupos profesionales que habitaban en un mismo barrio. Por él discurrían estrechas callejuelas que conducían a bulliciosas plazas, delimitadas por casas de varios pisos con un patio central.
Los fenicios solían llevar barba y largos y ensortijados cabellos. Iban tocados con un bonete y ataviados con multicolores vestidos. Sus mujeres gustaban adornarse con joyas y abalorios. Pero junto a ellos las ciudades contaban con un importante número de esclavos. Su condición parece haber sido algo mejor que en otros lugares. Tenían la capacidad legal de contraer matrimonio y de poseer bienes muebles que podrían otorgarles la libertad, pero debían adorar a las mismas divinidades que sus dueños.
editar Religión
Los dioses adorados por los fenicios varían de una ciudad a otra. Así el panteón de Sidón difiere del de Tiro o el de Chipre. Aún así, algunas divinidades están presentes de una forma u otra en la mayoría de las ciudades significativas. Estos panteones no eran estables y estaban formados por una triada de dioses: una divinidad masculina protectora de la ciudad; su esposa, garante de la fertilidad en un sentido amplio, tanto familiar como económico; y el hijo de ambos, símbolo de la naturaleza que moría y resucitaba cada año.
Se les adoraba en templos no monumentales que se dividían en tres partes: un pórtico, un vestíbulo que solía contener alguna fuente, y un santuario de limitado acceso en el que se hallaba ubicada la imagen de la divinidad. Solía ofrecerse a ésta diversas estatuillas votivas elaboradas con distintos materiales. También se les rendía culto al aire libre, en lugares altos, cerca de ríos o en bosques, presididos por altares simbólicos y betilos. En ellos podían realizarse toda clase de ofrendas, desde frutos hasta animales, siempre en relación directa con la pena a expiar o el bien a conseguir. Y en ocasiones se llevaban a cabo sacrificios humanos aunque esta práctica no se ha demostrado en Fenicia es algo común en los pueblos cananeos,cita requerida tenían lugar en recintos al aire libre, conocidos como tofet, a extramuros de sus ciudades, mayoritariamente se realizaban al dios Moloch. El mayor y más conocido el de Salambó,7 en Cartago, y que con cinco siglos de existencia habría proporcionado unas veinte mil urnas con restos humanos y animales.cita requerida En los primeros se tenía preferencia por los niños a los que se les estrangulaba o se les degollaba para posteriormente quemarlos cuyos restos se depositarían en una urna.cita requerida Se han buscado distintos argumentos para explicar este ritual: unos lo atribuyen a un sacrificio de sustitución en lugar del rey, o para asegurar las cosechas; otros lo creen como oferta de los frutos primeros o un método de control demográfico.cita requerida Lo que si parece probado es que aumentaban en caso de peligro para la ciudad.
Sus necrópolis se hallaban también en las afueras. Consistían en tumbas rupestres o en pozos verticales, en donde enterraban a sus parientes en sarcófagos con formas humanas, a imitación de los egipcios. Los más ricos eran de mármol o piedra; otros se facturaban en madera y terracota. No obstante, algunas veces, sin que se haya podido establecer la razón , practicaban también la incineración. En uno y otro caso se acompañaba al difunto con vistosos ajuares, consistentes en objetos de cerámica y joyas, pero nunca armas.
Antes de acordar algún negocio o emprender cualquier singladura, los fenicios en ocasiones practicaban la hierogamia, la unión con el dios, que consistía en prostituirse en un templo con fines religiosos destinados a la fertilidad. También dedicaban diversas ofrendas a sus dioses, implorando su ayuda y escrutando en las estrellas o en las vísceras de los animales sacrificados el destino de su empresa. No es pues, de extrañar que , además de instalar formas de caballos como amuleto protector en sus proas, las naves fenicias portaran una enseña consistente en una media luna, símbolo de Astarté. La razón residía en procurarse la protección divina antes de enfrentarse a los peligrosos mares.
Estas divinidades son principalmente Astarté, Baal, Dagón, Resef y Melqart.
editar Astarté
Principal diosa de Sidón y con presencia en las otras ciudades fenicias. Astarté es la diosa de la fecundidad, aunque sus características y dependiendo de las ciudades son diferentes. También es adorada como diosa guerrera, de la caza o incluso como patrona de los navegantes.
Suele representarse posada sobre un león y sosteniendo una flor de loto y una serpiente. En otras representaciones se acentúa su carácter como diosa de la fecundidad y aparece tocándose los senos o dando de mamar a dos niños. Se asimiló en otras culturas con nombres diferentes como por ejemplo la Afrodita de los griegos, la Venus romana o la Isis egipcia.
Contaba con abundantes santuarios en Sidón y Tiro. Está documentado un santuarios dedicado a Astarté en El Carambolo, (Sevilla), fechado en el siglo VIII a. C.
Astarté es la reina del cielo a quien los cananeos quemaban incienso en la Biblia.8
editar Eshmún
Adorado en Sidón y en Chipre. Se le asimila a Apolo y a Esculapio como dios sanador. Contaba con un gran santuario a las afueras de Sidón en un lugar donde brotaba una fuente. En los rituales de adoración a Eshmún se realizaban abluciones y danzas. También se conoce que existieron unos juegos en su honor y que el vencedor ganaba una tela púrpura.
editar Baal
Principal dios del panteón fenicio, cuyo nombre significa amo o señor. Solía manifestarse en tres formas: Baal Shamin (Señor de los cielos), Baal Sapon (Señor de las tormentas) y Baal Malage (Señor de la pesca). Su animal de culto era el toro. Según la Biblia, en su nombre se llevaban a cabo sacrificios de cremación de niños recién nacidos. También en la Biblia, se utiliza el nombre de Baal para hacer referencia a "falsas" divinidades (demonios).cita requerida
editar Melqart
Dios solar y protector del comercio era la principal divinidad de Tiro. Los griegos lo identificaban con Hércules. Su culto, asociado a actividades marineras, se extendió por las colonias fenicias de Occidente, y se arraigó sobre todo en Gadir y Cartago.
editar Adonis
Dios de la vegetación. Símbolo del ciclo natural de la vida: muerte en otoño y resurrección en primavera. Su nombre deriva del término fenicio adôn (señor). Se le rendía culto en toda fenicia y especialmente en el río Adonis (Actual Nahr Ibrahim), cerca de Beirut. Algunos autores lo relacionan con una manifestación de Baal. Los griegos lo introdujeron en su mitología.
editar Asherah
Diosa madre cuyo culto se hallaba extendido en Oriente Próximo. Esposa del dios supremo de muchas ciudades y madre de los demás dioses. Curiosamente, su estatua llegó a colocarse en el templo de Jerusalén durante un tiempo, probablemente en lugar del arca de la alianza.
editar Tanit
Versión de las colonias occidentales de Astarté, cuyo culto se originó en Sarepta. Adquirió una gran importancia en Cartago, donde era representada por un triángulo con una línea horizontal en su vértice superior, sobre el que descansaba un círculo. Diosa madre y hetaira a la vez, los romanos no podían entender su contradictoria naturaleza.
editar Referencias
editar Bibliografía
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- Blázquez, José María (1992). Historia de Oriente Antiguo. Ediciones Cátedra Madrid. ISBN 88-476-0022-7.
- Corzo, Ramón (1988). Los Fenicios, señores del mar. Madrid, Información y Revistas. ISBN 84-8432-860-0.
- García y Bellido, Antonio (1942). Fenicios y cartagineses en Occidente. Madrid. ISBN 84-376-1117-2.
- Gras M., Rouillar P. y Teixidor J. (1995). L'univers Phénicien. Paris. ISBN 2-7003-0732-1.
- Frankenstein, Susan (1997). Arqueología del colonialismo: el impacto fenicio y griego en el sur. Barcelona: Grijalbo. ISBN 84-7423-808-0.
- Martín, J.A. (2005). Catálogo documental de Los Fenicios en Andalucía. Junta de Andalucía. ISBN 199584-87826-88-1..
- Thiollet, J. P. (2005). Je m'appelle Byblos. H&D. ISBN 2 914 266 04 9.
- Prados Martínez, Fernando (2007). Los Fenicios, del Monte Líbano a las Columnas de Hércules. Marcial Pons Editores. ISBN 978-84-96467-52-1.
- Penela, J.R (2006). Elissa, la roja. Barcelona. ISBN 978-84-89713-84-0.
- García Moreno, L.A (1996). Relatos de viaje de la literatura griega antigua. Alianza, Madrid. ISBN 978-84-206-0794-8.
editar Notas
- ↑ Guía de arte fenicio
- ↑ Alfabeto fenicio
- ↑ [1]
- ↑ [2]
- ↑ [3]
- ↑ Enciclopedia
- ↑ Se ha llegado a especular con incluso varios miles de sacrificios durante una época de peligro para la ciudad
- ↑ Jr 44
editar Véase también
editar Enlaces externos
Wikimedia Commons alberga contenido multimedia sobre Fenicia.Commons- Centro de Estudios Fenicios y Púnicos
- Enciclopedia "Phoenicia"
- Los fenicios, en Vélez-Málaga
- La vida cotidiana de los fenicios
- Resumen sobre la civilización fenicia
- Sam Houston State University: Nicholas C. J. Pappas: The Inscription on the Sarcophagus of the Phoenician King Eshmunazar (en inglés)
- Notes on Sidon (en inglés)
- Alfabetos de ayer y de hoy
- http://atlantischannel.com/page_1166821786203.html
